.

: : : : EL QUINTO ELEMENTO : : : :



. . .


La decisión de disponer una gigantesca cúpula sobre Bogotá no fue fácil, tampoco rápida. Hubo un extenso debate, como no se había visto nunca antes en la historia de la ciudad. En otras metrópolis, como Nueva York, Londres, París, Tokio, el debate fue breve. Allí primó el instinto innato de supervivencia: las cúpulas se diseñaron y construyeron rápidamente. En Bogotá, por el contrario, no fue así.

La Alcaldía de Bogotá en aquel entonces, había comisionado a la Sociedad Colombiana de Arquitectos -SCA- para que fuese la entidad encargada de gestionar la materialización o no de esta gigantesca envolvente. A su vez, la SCA convocó a todos los actores de la ciudad -públicos, privados, el ciudadano del común- a participar con sus opiniones.

La propuesta tuvo muchos opositores. Algunos de ellos venían del mismo gremio de arquitectos, particularmente aquellos quienes tenían una posición o bien en extremo conservacionista, o bien una exageradamente “estetizante”. También, estaban aquellos quienes veían afectados sus intereses económicos: los comerciantes de tierra urbanizable. Todos ellos, -y muchos mas que seria dispendioso mencionar- contribuyeron a alargar el debate, mientras la lluvia ácida, la 3 nitrobenzantrona, el gas sulfúrico y los rayos ultravioleta en ese nefasto año 2009 iban carcomiendo -lenta pero inexorablemente- la ropa, piel, pulmones, hígados, riñones, pulmones, páncreas, cerebro e intestinos de los habitantes de la ciudad, y mas cadáveres se apiñaban en las estaciones de transmilenio, en los parques metropolitanos, en las bibliotecas publicas, y en la Plaza de Bolívar, que ahora se habían convertido en gigantescas morgues.

A muchos, esta situación les recordó otra ocurrida algunas décadas atrás: en efecto, miles de hombres y mujeres, niños y ancianos, fueron destripados en las calles de Bogotá, o quedaron lisiados de por vida, mientras el debate sobre el control al uso del automóvil particular se sucedía día tras día, mes tras mes, año tras año, década tras década, y las decisiones REALES Y EFECTIVAS siempre se postergaban.



THE FIFTH ELEMENT
the movie

En 1927, agobiado por un sinnúmero de problemas personales y sintiéndose una carga para su familia y para la sociedad, Richard Buckminster Fuller decide suicidarse, lanzándose a las gélidas aguas de un lago en Michigan, USA. Afortunadamente, segundos antes de concretar su estrambótica idea, una voz interior lo detiene, sugiriéndole que se dé una segunda oportunidad. Que intente demostrarse a si mismo -y a la sociedad- que puede aportar algo a la solución de los problemas mas urgentes. Y es entonces que, de allí en adelante, Richard Buckminster Fuller dedicará su vida entera a demostrar, mediante hechos, que un solo hombre utilizando inteligentemente sus recursos e ingenio tal vez pueda transformar positivamente la vida en el planeta.

Richard Buckminster Fuller, se preguntó entonces ¿en qué y cómo puedo yo ayudar? Para responder a la primera pregunta, le bastó mirar el mundo que le rodeaba: gente muriéndo de hambre en las calles, gente viviendo a la intemperie sin un cobijo mas que el cielo mismo, gente humilde que no disponía de medicinas elementales, en últimas, gente sin acceso a los mínimos recursos para satisfacer sus necesidades básicas. Y todo ello -detectó Fuller- se daba en un planeta que se caracteriza por ser rico en recursos y que, adicionalmente, ya por aquella época -1927- estaba desarrollando vertiginosamente la ciencia y la tecnología.



BOGOTÁ CUBIERTA

Los conservacionistas decían que era un despropósito alterar tan radicalmente el paisaje y el espíritu ancestral de la ciudad. Por ejemplo, argumentaban que desde siempre el techo de Bogotá había sido el cielo, con sus nubes, estrellas, aves migratorias; y ni que decir de la luz natural, los vientos, y hasta lo inesperados aguaceros. Al construir está gigantesca cúpula sobre la ciudad, todos estos elementos nunca mas volverían a ser los mismos.

El techo de la ciudad sería ahora un objeto artificial; la luz natural, filtrada por la cúpula, tendría un matiz distinto; los vientos tradicionales de agosto nunca mas elevarían las también tradicionales cometas; y los típicos aguaceros bogotanos, serían ahora programados artificialmente. “No, y no, y no, carajo!”, decían los conservacionistas. “El paisaje y el espíritu de la ciudad deben preservarse: en ellos se encuentra parte de nuestra memoria histórica, aquello que nos da una identidad única como colectivo humano, aquello que propicia un sentido de pertenencia y arraigo. Quitar eso sería monstruoso”, opinaban. La ciudad debe enfrentar el mortal cambio climático y atmosférico que agobia al planeta, a través de mecanismos menos radicales, que no afecten la memoria ni la identidad de la ciudad: “que la población se acostumbre a utilizar máscaras de oxigeno, calzones de acero y sacos de titanio”, repetían una y otra vez los conservacionistas.



THE FIFTH ELEMENT
the movie

Por su parte, aquellos con una postura exageradamente “estetizante”, argumentaban que una puesta de sol bogotana era un evento sublime; la cúpula, ocultaría el magno espectáculo. También, indicaban que la luz natural bogotana era única en el mundo, y que los rayos de sol al iluminar el ladrillo de los edificios produce un danza indescriptible de sombras, colores y figuras; la cúpula, filtraría parcialmente la luz, afectando la inenarrable danza. Por otra parte, decían que no hay nada como la espacialidad propia de la ciudad, conformada a partir de unos límites que, aunque están ahí, son lejanos, casi que inalcanzables: el cielo arriba, y la línea del horizonte hacia los lados. La cúpula, acabaría radicalmente con esta espacialidad, Bogotá se transformaría en una gigantesca cárcel, encerrada por arriba y por los lados. Finalmente, argumentaban que la bóveda celeste es el techo mas hermoso, mágico y glorioso que pueda existir; la cúpula, con sus nervaduras, paneles e instalaciones, estropearía este paisaje natural irremplazable. “No, no y no, carajo!”, decían. “La ciudad debe enfrentar el desastre ambiental que agobia al planeta entero, sin alterar la poética de la luz, la poética del espacio, la poética del infinito, la poética del ladrillo. Que la población se acostumbre a usar máscaras de oxígeno, calzones de acero y sacos de titanio”, repetían al unísono con los conservacionistas.



THE FIFTH ELEMENT
the movie

Finalmente, aquellos quienes comerciaban con la tierra urbanizable, también se oponían a la cúpula. La cúpula actuaría como una barrera física impidiendo la expansión de Bogotá, y habría que conformarse tan solo con las tierras disponibles al interior de la cúpula. “No, no y no, carajo…!”, decían los comerciantes de tierra urbanizable. “El crecimiento de Bogotá no se puede detener, la construcción de edificios mueve la economía, con menos tierra para urbanizar, la pobreza se disparará. Que la gente se las arregle como pueda, que construyan sótanos en sus casas y se acostumbren a vivir bajo tierra como los topos, pero detener la expansión de la ciudad, nunca”, añadían.

Después del extenso debate se tomó la decisión de construir esta mega envolvente y fue concluida al cabo de 3 años. Habían pasado ya 4 años desde que Londres, París, Nueva York, Medellín, Quito, Curitiba -entre otras ciudades-, construyeron sus respectivas cúpulas. Era el año 2012, y debido a la demora en tomar la decisión, había muerto innecesariamente 2/3 de la población bogotana, principalmente niños y ancianos. Muchos de ellos, a causa de cáncer pulmonar, cáncer de piel, cáncer de páncreas, cáncer de hígado, cáncer de huesos. Otros, quemados bajo las torrenciales y ácidas lluvias que frecuentemente asolaban la ciudad.



THE FIFTH ELEMENT
the movie

¿Cómo es posible- se preguntaba Richard Buckminster Fuller- que tengamos la tecnología para producir sofisticadas armas de guerra, pero que al mismo tiempo no hayamos desarrollado una solución eficiente y barata a algo tan sencillo como es el problema de la vivienda?

Para responder la segunda pregunta, Richard Buckminster Fuller propone un concepto de diseño, que llamaría “Dymaxion”, el cual consiste en obtener el máximo de resultado con el mínimo de materia y energía involucrada. Comienza entonces a diseñar y construir objetos que sean la materialización del principio Dymaxion: una auto Dymaxion, una mapa Dymaxion, un baño Dymaxion, una vivienda Dymaxion y un edificio Dymaxion de varios pisos, entre otros. Una característica de estos objetos es que son mucho mas eficientes que sus equivalentes tradicionales: así por ejemplo, la Casa Dymaxion tan solo pesaba 3 toneladas, y podía albergar mas de 15 habitantes. En cambio, la casa tradicional de la época, para el mismo número de habitantes, pesaba 150 toneladas.

Otra característica de los objetos Dymaxion, era el utilizar las tecnologías y materiales mas avanzados del momento: la casa Dymaxion estaba construida en resistentes y livianas aleaciones de aluminio similares a las empleadas en sofisticados aviones de guerra; en cambio, la casa tradicional de la época, era en madera, ladrillo y piedra. Y una característica mas, es que los objetos Dymaxion de Fuller tenían muy en cuenta el medio ambiente: la casa Dymaxion, tenía su propio sistema de reciclaje de aguas servidas, de tal modo que no contaminaba los ríos; por su parte, las aguas residuales de la casa tradicional de la época, terminaban siendo vertidos en los ríos, cosa que aun hoy es usual.



CÚPULA PARA MANHATTAN
Richard Buckminster Fuller

Y al igual que Londres, París, Quito o Curitiba, la planeación y el diseño y la construcción de la envolvente, se inspiró en el proyecto de una cúpula para cubrir Manhattan -nunca construido- ideado por el arquitecto Richard Buckminster Fuller décadas atrás. Entonces, los planos, escritos y conferencias de Fuller fueron desempolvados, revisados y actualizados. El principio “Dymaxion” se puso de moda en Bogotá, y todo el mundo se preguntó quien diablos había sido el tal Fuller.

La cúpula era la nueva piel de Bogotá. Permitía tener un control total sobre la temperatura interior, la calidad del aire, el paso de los rayos ultravioleta y control sobre la lluvia ácida. También, y este fue un efecto no buscado, evitaba que los cientos de miles de habitantes de las zonas rurales quienes huían despavoridos de la catástrofe, entraran a la ciudad. Vivir dentro de esta envolvente-escudo, estaba al alcance de unos pocos afortunados. Al resto tan solo les quedaba esperar agónicamente, que cúpulas mas pequeñas se construyeran sobre las poblaciones vecinas.

Ni bien había terminado de construirse la cúpula, cuando varios urbanizadores informales comenzaron a erigir cúpulas mucho mas pequeñas que se asentaban ilegalmente en torno a la cúpula mayor, y las cuales eran vendidas a grupos de 20 o 30 familias humildes. Bogota comenzó a tomar el aspecto de una ciudad medieval de ciencia ficción, fuertemente protegida por una muralla-cúpula, y con asentamientos en torno a ella en busca de protección.

Las pequeñas cúpulas que surgieron en las afueras de Bogotá, fueron construidas con una mezcla de papel higiénico reciclado, harina y pegamento. Y ello por cuanto los urbanizadores que las construyeron querían abaratar costos, y obtener ganancias grandes y rápidas. Además, leyendo los textos de Fuller y sobre Fuller, ellos habían encontrado que la resistencia de una cúpula geodésica no dependía del tipo de material sino de la manera como éste se estructuraba, y que por tanto era posible hacer cúpulas en papel. Lo que no leyeron, -o quizá si, pero no les importó- es que el papel debía ser previamente tratado para que resistiera el agua, el fuego y los insectos.

Entonces, al primer aguacero de lluvia ácida, las frágiles cúpulas de papel higiénico se derritieron, y una masa grumosa y maloliente cayó y se pegó a la piel de sus humildes habitantes, quienes murieron presa de espeluznantes quemaduras.

Mientras, la población de Bogotá -al igual que ocurrió en otras ciudades-, fue paulatinamente adaptándose a su tetraédrica envolvente, y poco a poco ella entró a formar parte de sus costumbres, de sus ritos, de sus modas, de sus imaginarios.

En particular -y fue algo que atrajo la atención de otras ciudades, tanto que lo replicaron- una actividad ingeniosa de uso y disfrute del nuevo espacio público bogotano apareció y se volvió costumbre, rito y moda: la de ver en familia, con los amigos, en pareja - y desde los techos, desde las calles, desde los parques, desde los patios, desde los antejardines, desde las ciclorrutas, desde los buses de transmilenio-, las proyecciones de películas, video-arte, documentales, que todas las noches sin falta, a partir de las 7, se hacían sobre la superficie interior de la cúpula, desde un proyector dispuesto en lo alto del cerro de Monserrate.



THE FIFTH ELEMENT
the movie

El objeto Dymaxion que mas se difundió -y el que mas le dio a Fuller reconocimiento internacional- fue la cúpula geodésica estructurada a partir de tetraedros. Fuller la desarrolló para dar solución a la falta de vivienda inteligente, económica y eficiente. Una vivienda construida con base en la cúpula geodésica, si la comparamos con una tradicional en forma de caja, tiene estas ventajas: resiste mejor los sismos y tornados; su construcción es mucho mas rápida y limpia; aísla mejor frente al ruido exterior; requiere muchísimos menos materiales y mano de obra, siendo por tanto mas económica, y, como consecuencia, mas asequible para la población de bajos ingresos; puede construirse en materiales aparentemente débiles y baratos como el cartón, puesto que su resistencia no depende del material, sino de la manera como éste se estructura.

Explorando los alcances de este artefacto, en 1965 Richard Buckminster Fuller propuso la idea de cubrir Manhattan mediante una gigantesca cúpula geodésica. Ello -argumentaba Fuller-, le permitiría a la ciudad mantener unas condiciones climáticas relativamente constantes durante todo el año, lo cual redundaría en un ahorro tremendo de energía, principalmente aquella requerida para calentar los edificios en invierno, y para enfriarlos durante el verano. También, la cúpula sobre Manhattan le evitaría a la ciudad contratiempos como el de las nevadas rigurosas que eventualmente hacen colapsar la ciudad: se cierran los colegios, no se puede llegar al trabajo, la actividad comercial desciende, perdiendo así la sociedad millones de dólares cada vez que tal cosa ocurre. El exorbitante valor de una cúpula de tales dimensiones, se vería compensado -calculó Fuller- por el dinero que ella le ahorraría a la ciudad en situaciones como la señalada.



THE FIFTH ELEMENT
the movie

Bogotá y los bogotanos tuvieron entonces una nueva piel que no solo los protegía de muchos de los males nacidos de la misma humanidad, sino una que adicionalmente les permitía proyectar sus sueños.

Y también sus pesadillas: el 20 de septiembre del año 2012, en la cúpula se proyectó la noticia que le estaba dando la vuelta al mundo: astrónomos japoneses habían descubierto un asteroide de 50 Km. de diámetro cuya trayectoria se cruzaba con la tierra. El impacto se produciría en 4 días, arrasaría toda la población mundial, y buena parte de su flora y fauna. No había tiempo para hacer algo, salvo, quizás, que unos pocos afortunados abandonaran el planeta para preservar la civilización y la especie, pero ¿quiénes y a dónde?

La respuesta vino al instante, en la noticia que siguió inmediatamente a la anterior y que fue también proyectada en la cúpula: el gobierno chino acababa de revelar, en primicia mundial, que desde hacia 30 años había estado preparándose para una eventualidad como esta. Y, en el mas estricto y desconcertante secreto, habían erigido en la cara oculta de la luna, una ciudad para albergar a lo mas selecto de su población -y de su flora y fauna-, de manera análoga a un arca de Noé. La ciudad estaba contenida, albergada, protegida, envuelta, por una gigantesca cúpula geodésica estructurada a partir de tetraedros.

Si, una vez mas, Richard Buckminster Fuller...!



RICHARD BUCKMINSTER FULLER

Fuller adicionalmente señaló que una cúpula sobre la ciudad le facilitaría el aprovechamiento del agua lluvia y la nieve derretida, de una manera mucho mas eficiente que si no la hubiere. En efecto, argumentaba Fuller, en las ciudades sin cúpula, el agua lluvia y la nieve derretida se desperdician pues al caer sobre la ciudad se contaminan con la suciedad de las calles, y es mas dispendioso su purificación para el consumo. En cambio, en las ciudades bajo cúpulas -explicaba Fuller- el agua lluvia y la nieve no entran en contacto con las calles sucias sino con la superficie exterior de la cúpula, y al escurrir se puede fácilmente recoger abajo en un anillo perimetral, para luego ser conducida a tanques de almacenamiento.

Fuller conjeturó que existían motivos poderosos de toda índole para justificar el cubrir las ciudades con cúpulas, pero que infortunadamente ellas –las ciudades- no adoptarían tal cosa hasta tanto razones de índole ambiental y otras emergencias lo hiciesen imperativo.

Finalizando de manera un tanto abrupta, anotemos que aquí apenas se ha tocado un brevísimo aspecto del legado de Fuller, el cual es amplio, profundo, universal, y sorprendente. Anotemos también que aunque Fuller nunca se graduó formalmente como arquitecto, sus ideas si influyeron en la arquitectura, a pesar del desprecio de algunos, entre ellos el afamado arquitecto posmoderno Philip Johnson, ya fallecido.

Afortunadamente, y tal vez muy a pesar del arquitecto Johnson, muchos si reconocieron el valor de Fuller, de sus ideas, de sus proyectos: recibió la Medalla de Oro del “American Institute of Architects” – AIA -, y también la Medalla de Oro del “Royal Institute of British Architecs”- RIBA -; además, le fueron otorgados alrededor de 50 doctorados honoris causa, y recibió cerca de 100 premios o medallas al mérito.

Pero, mas importante que los premios y galardones, son su visión del mundo, de la vida, de la arquitectura, las cuales esperamos que el lector – ojalá intrigado por todo lo que no se alcanzó a decir en el presente artículo- se anime a conocer por su cuenta. Está invitado -entonces- a visitar el "Buckminster Fuller Institute", la institución encargada de preservar y explorar el sorprendente legado de Richard Buckminster Fuller, haciendo click AQUÍ

Nota : una versión del presente artículo apareció publicada en la edición número 13 de la Revista ALARIFE, de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Piloto de Colombia, 2006. La presente, es una versión ampliada.

I N I C I O

sound track : tubular bells